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¿Por qué agua?

Cuando descubrimos el agua y comprobamos el efecto que surte en la vida cotidiana de quien no la tiene, aprendimos a valorar el mágico efecto de nuestros grifos europeos. Esto unido a la realidad de esta ayuda, lo tangible y visible que es, lo esencial y el ahorro de vidas que conlleva, lo democrático de una ayuda que con un mismo esfuerzo llega a muchas personas, y a sus próximas generaciones, nos cautivó y nos motivó para intentar ayudar a perforar más un suelo relativamente rico pero poblado por gente muy pobre que no puede acceder a los quince metros que los separan de tan preciado bien.

¿Por qué Senegal?

Nunca elegimos Senegal. De hecho, sabemos que no es el lugar más necesitado ni del mundo ni de África. Si comenzamos por allí es porque allí encontramos el camino para crear un sistema seguro de ayuda. Es un país que desde luego lo necesita, y concretamente en el sur de éste, que por circunstancias políticas y sociales es la zona más desfavorecida de Senegal.
Además, es un país en el que sus gobernantes al menos permiten que se ayude, resulta muy sorprendente que esto último no sea siempre así.
La idea de Bonsaid es poco a poco ir dirigiendo la ayuda más al interior del país, donde los recursos naturales son menores y por tanto la situación más desfavorable, donde en definitiva los acuíferos están más profundos.
El proyecto Kolda fue el primer paso para ello aunque la decisión de elegir esa región también ha sido provocada por el resurgimiento de un conflicto bélico interno que afecta al sur de Senegal desde hace años, y entre otros lugares a la zona de Boutoupa donde intervenimos en primera estancia. Siguiendo esta idea de expansión, el proyecto actual para la construcción está localizado en Kenia.

El problema del agua

Por una simple diarrea mueren cada año en el mundo dos millones de niños, cuatro veces más que las muertes provocadas por el SIDA. Y la medicina que necesitan es agua limpia, a la que no tienen acceso un cuarto de la población mundial, según datos de Naciones Unidas.
La jornada escolar de una niña europea es la misma que invierten muchas niñas africanas en acarrear agua para su familia tras recorrer kilómetros a pie y esperar largas colas. El acceso a un punto de agua potable cambiaría radicalmente la vida de muchas mujeres, posibilitando una mejor calidad de vida y sobre todo contribuiría a que las niñas pudieran invertir su tiempo en su educación. Donde hay agua, hay vida, hay posibilidades de desarrollo y sobre todo, hay salud.
Los organismos internacionales calculan que cada día se producen 25.000 muertes por el uso de agua en malas condiciones. De hecho, el 80% de las enfermendades en paises en vías de desarrollo están ligadas al agua, entre ellas la diarrea, el tifus, la hepatitis, la disenteria, la anemia infantil y la malnutrición.
Todos estos datos contrastan con lo que ocurre en el mundo desarrollado, donde basta abrir un grifo para tener agua abundante y de calidad que muchas veces desperdiciamos, tanto en su uso cotidiano como en las infraestructuras  (según datos de nuestro país, el 19,4% de la cantidad de agua disponible se pierde en la red de distribución).

El agua es un bien tan esencial que desde Bonsaid queremos que sea accesible a todo el mundo.